Endorfinas
El secreto está en nosotros
Hemos visto que todo ser humano, a menos que esté psicológicamente muy enfermo, aspira a ser feliz. No se trata casi nunca de una aspiración consciente, racional, sino de un deseo inconsciente fuertemente arraigado en nosotros que utiliza para sus fines toda la información que le proporcionamos.
En muchas ocasiones, por falta de consciencia o de cultura, utiliza incluso métodos erróneos. Esto ocurre porque muchas veces confundimos la felicidad con la autosatisfacción. Lo que no nos gusta o no nos satisface nos produce infelicidad.
A veces la vida se nos presenta tan llena de problemas y contrariedades que nos sentimos incapaces de reaccionar.
Parece como si nos faltaran las fuerzas. Se trata de una situación que suele plasmarse en los sueños en forma de pesadilla: alguien nos persigue y no l legamos a poder mover nuestras piernas. Entonces es más fácil ceder a la angustia o a la depresión que reaccionar. Pero esto no soluciona el problema mientras no logremos relajarnos. Sólo así nuestro organismo podrá comenzar a equilibrar el flujo de endorfinas.
Cuando estamos angustiados sólo deseamos una cosa: liberarnos de aquello que nos oprime y ser felices. A su manera lo intenta, pero cae en todas las trampas. Sólo el iluminado puede discernir entre aquello que nos proporcionará felicidad y aquello que nos acarreará desgracia. Sin embargo, nuestro cuerpo sí sabe cómo hacernos felices: sintetizando endorfinas y distribuyéndolas por todo nuestro organismo. Nuestro subconsciente también contribuye a esta tarea proporcionando las endorfinas necesarias. Es la base de la publicidad: Se excita nuestra curiosidad asociando lo que se nos quiere vender a algo que inconscientemente relacionamos con placer. Así vemos que se anuncian coches junto con mujeres estupendas o desodorantes en ropa interior.
La mayoría de las veces se recurre a la sexualidad para incitar al cliente a comprar.
Así, a fuerza de publicidad mal dirigida, acabamos relacionando la felicidad con la adquisición de bienes materiales y con el consumo desenfrenado que nos ofrece la televisión. Se ha dado el caso de personas psicológicamente enfermas que tenían la casa llena de discos o casetes que no escuchaban, o que tenían varias neveras que no utilizaban y eran más desgraciadas de lo normal. Nos venden cualquier producto como algo bueno y deseable y acabamos creyendo que la felicidad se haya en él y no en nosotros mismos, en nuestra capacidad para disfrutarlo. Se nos crean deseos artificiales que, si no son satisfechos, nos producen la horrible sensación de que somos desgraciados. Esto lo podemos constatar especialmente en los niños y adolescentes que son muy sensibles a la propaganda. Si no tienen un pantalón de determinada marca o unas zapatillas de tenis determinadas, parece que son menos que los demás y ello les produce infelicidad.
Pero, como ya hemos visto, nuestro potencial para ser felices se halla exclusivamente en nosotros. Todos los maestros espirituales de todos los tiempos lo han dicho y repetido: “El secreto está en nosotros”. Los objetos exteriores tienen también su importancia, pero como accionadores de lo que ya está en nosotros. Desengañémonos, no nos va a hacer felices cambiar el automóvil, sino las endorfinas que nuestro cuerpo va a segregar cuando nos entreguen el coche nuevo y nos sintamos admirados por nuestros vecinos.
Todos sabemos de personas “que lo tienen todo en la vida” y que no por ello son felices. Al contrario, muchas veces son sumamente desgraciadas y necesitan acudir al psicoanalista varias veces por semana para poder mantener un frágil equilibrio psicológico. Sin duda tienen lo que una persona pobre nunca tendrá, pero considerarán como problemas lo que para alguien menos potentado no lo sería.
Nos hallamos en una época de expansión industrial y económica y, sobre todo en Occidente, “nunca se había vivido como ahora”. Sin embargo, a pesar de los innegables adelantos técnicos e higiénicos, esto no es enteramente verdad. Muchas veces es más feliz el hindú que sólo come un plato de arroz al día que el europeo que come cinco veces.
Por otra parte, ¿a quién no le han explicado sus padres o sus abuelos que eran pobres pero felices? Sin duda, lo que se ha convenido en llamar “calidad de vida” era superior. Y ser feliz es una cuestión de calidad de vida, no de cantidad de letras que pagar a fin de mes. Ser feliz es una cuestión de equilibrio, de estar en paz con nosotros mismos, con nuestros deseos, con nuestras aspiraciones, incluso con nuestros sueños. Se trata de aprender a ver el lado positivo de las cosas y de aprovechar las oportunidades que nos brinda la vida.
Ser felices es una cuestión de resonancia. Se trata de ser lo suficientemente hábil para que los acontecimientos exteriores nos encuentren optimistas y equilibrados y de esta manera, resonando con nuestro interior, nuestro flujo de endorfinas sea constante.
Para poner un ejemplo gráfico, podríamos decir que la felicidad se respira, pero no se respira de afuera, con los pulmones, sino de adentro y el “oxígeno de la felicidad” son las endorfinas. Si el flujo de estas en nuestro cuerpo se estanca, empezamos a sentirnos mal física y psicológicamente. Nuestra capacidad de desarrollar una consciencia receptiva agudizada que nos permita vivir más plenamente la vida y aprovechar al máximo las oportunidades que ésta nos brinda es la base de nuestra felicidad.
Extraido de ” Endorfinas,la droga de la Felicidad” de Jack Lawson.
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